Ese desajuste se ve en los datos:
La solución pasa por transformar la arquitectura de la educación postmedia para que responda a la productividad, la innovación y las apuestas regionales.
¿Qué funciona y qué debemos escalar?
Formación técnica y tecnológica
Es la vía más rápida y efectiva para conectar a los jóvenes con empleos de calidad. El Informe Nacional de Competitividad lo muestra con evidencia: los países que apuestan por la formación técnica tienen economías más productivas, mercados laborales más inclusivos y empresas más innovadoras.
Formación dual
Los modelos donde estudiantes aprenden en el aula y en la empresa —como los de Alemania, Suiza o Brasil— aceleran la transición al empleo, reducen deserción y mejoran la pertinencia.
Colombia ya tiene experiencias exitosas (SENA, alianzas territoriales, programas sectoriales), pero necesitamos llevarlos a escala nacional.
Ciclos cortos y microcredenciales
Las nuevas tecnologías, la economía digital y la transición energética requieren habilidades que se actualizan rápido. Los ciclos cortos permiten reconversión laboral ágil, inclusión de adultos y actualización de capacidades sin endeudamiento ni carreras de 5 años.
Alineación con apuestas productivas regionales
No se trata solo de formar más, sino de formar para lo que cada región necesita: agroindustria, turismo, software, economía circular, salud, logística, energías renovables.
La educación debe ser un instrumento central de desarrollo regional.
La tarea de política pública
Colombia necesita un Sistema Nacional de Educación, Formación y Empleo, cohesionado y coordinado, que integre:
Esto lo planteamos desde el Sistema Nacional de Competitividad e Innovación cuando fui Subdirector del DNP, y lo hemos reforzado desde el Consejo Privado de Competitividad: la productividad se construye con talento pertinente.
¿Qué implica para las reformas 2026–2030?
Si queremos cerrar brechas sociales y productivas, la educación debe convertirse en la máquina de movilidad social y competitividad que el país necesita.