Para mí, no se trata de ser el más visible ni el más ruidoso. Se trata de ser vocero de las buenas ideas que surgen en la sociedad, de tener la capacidad de escuchar, identificar los problemas de fondo y traducirlos en soluciones viables que respondan al interés público.
Un buen senador debe ser también un armador de equipos: alguien capaz de convocar a quienes piensan distinto, de escuchar a los expertos y a la ciudadanía, de construir consensos y acuerdos que permitan avanzar. Porque ninguna transformación real se logra en solitario.
Se parece bastante al tipo de competencias que he necesitado en los distintos roles que he desempeñado:
• Como Vicepresidente del Consejo Privado de Competitividad, articulando sector privado, academia y gobierno para impulsar reformas en productividad.
• Como Subdirector Sectorial del DNP, liderando la formulación de más de 80 documentos CONPES, donde el éxito dependía de escuchar actores diversos y lograr consensos entre sectores y regiones.
• Como economista en el Banco Mundial y el Foro Económico Mundial, donde aprendí a analizar los problemas con una mirada integral y a diseñar soluciones adaptadas a las realidades locales.
La formación académica y la experiencia internacional me han ayudado a aprender a entender rápidamente la raíz de los problemas, pero son las habilidades de escucha, negociación y construcción colectiva las que realmente permiten convertir los diagnósticos en políticas públicas efectivas.
Colombia necesita un Congreso que sepa identificar los desafíos, escuchar con rigor, sumar conocimiento y construir acuerdos. No uno que viva atrapado en las peleas personales y partidistas de siempre, sino uno donde los debates sean de ideas, de visiones de país.
👉 Un buen senador no es el más ruidoso, ni el que tiene más likes en redes sociales, sino el que logra que las cosas pasen entendiendo y estudiando los problemas, sumando ideas y armando acuerdos. Parecido a muchos de los trabajos que he tenido hasta ahora.