Colombia enfrentará en los próximos años desafíos simultáneos que no dan espera: crisis fiscal, crisis en el sistema de salud, crisis energética, baja inversión privada y problemas de seguridad. Estos retos no se resuelven con improvisación ni con discursos fáciles. Se resuelven con leyes bien concebidas, planes de desarrollo realistas y políticas públicas sólidas.
Para ello necesitamos en el Senado de la República perfiles con experiencia real en política pública: Personas que hayan pasado por el ejecutivo, entendiendo cómo se diseña y ejecuta desde el gobierno. Que conozcan el funcionamiento de los organismos multilaterales y las dinámicas de cooperación internacional. Que hayan trabajado en centros de pensamiento y universidades, produciendo evidencia y formando líderes. Que tengan experiencia internacional y exposición a otras culturas, otras formas de hacer las cosas y experiencia traduciendo buenas prácticas en soluciones viables.
Y que conozcan los centros de incidencia en competitividad y desarrollo subnacional, donde se vive en carne propia la necesidad de cerrar brechas regionales.
Un senador con este recorrido tendrá la capacidad de leer los problemas con una mirada integral, anticipar riesgos y, sobre todo, convertir conocimiento en leyes y normas efectivas. Proponiendo proyectos de ley, acompañando buenas iniciativas del gobierno, y haciendo control político para mejorar la acción pública.
El país necesita un Congreso que no sea caja de resonancia de intereses particulares, sino cerebro colectivo para orientar el futuro. 2026–2030 será un periodo decisivo: o avanzamos con visión, o seguimos atrapados en las crisis que heredaremos.
Tener en el Senado a personas con experiencia en diseño, ejecución y evaluación de políticas públicas es la mejor garantía de que los recursos públicos se usarán con rigor, que los planes de desarrollo serán viables, y que las leyes responderán a las verdaderas necesidades de los ciudadanos entendiendo el papel del gobierno, del sector privado, y de la sociedad civil. Eliminar leyes que entorpecen la iniciativa de cada uno de estos actores será igual de importante, o más, que sacar nuevas leyes.
La calidad del Congreso definirá la calidad de nuestra democracia en 2026-2030.