💬 La economía popular: una idea bien intencionada, mal concebida
El gobierno insiste en que la “economía popular” será el nuevo motor del desarrollo colombiano. En el discurso, suena como una apuesta por la inclusión. En la práctica, es una política que perpetúa la informalidad, la exclusión, y reduce la productividad.
Colombia lleva décadas impulsando el emprendimiento, la microempresa y las cooperativas. El verdadero reto siempre ha sido ayudar a esos actores a escalar, formalizarse y ganar productividad. El enfoque actual parece haberse resignado a mantenerlos como están, con programas dispersos, subsidios sin resultados y sin un marco claro de integración productiva.
La economía popular y el increíble espíritu emprendedor de los colombianos hay que apoyarlo. Pero tenemos que apoyar con visión de crecimiento y poder separar las políticas sociales de las políticas productivas.
📊 Los datos:
•Más del 57 % de los trabajadores siguen en la informalidad.
•La productividad laboral del sector informal es menos de la mitad de la del formal.
•El 80 % de las microempresas desaparece antes de cumplir tres años y la mayoria son micronegocios de autoempleo.
•El acceso al crédito sigue concentrado en grandes empresas y la banca tradicional.
Llamar a eso “economía popular” no los fortalece: los mantiene atrapados en la precariedad.
🏦 Además, la idea de reemplazar el sistema financiero por fondos públicos “sin bancos” no genera inclusión, sino riesgos de ineficiencia, clientelismo y baja sostenibilidad.
El crédito productivo necesita reglas, riesgo compartido y acompañamiento técnico.
Y sin articulación con la política de desarrollo productivo —planteada en documentos como el Conpes 3866 de Política de Desarrollo Productivo o el Conpes 4067 de Pago por Resultados— la llamada “economía popular” se convierte en una estrategia aislada y asistencialista.
⚙️ La economía colombiana no saldrá adelante multiplicando micronegocios y microcréditos simbólicos.
Lo que el país necesita es educación técnica de calidad, crédito formal, innovación empresarial y políticas que impulsen productividad y competitividad. Para que más micronegocios y emprendimientos puedan crecer, innovar, internacionalizarse, volverse empleadores, multiplicarse. El progreso se logra creando oportunidades reales de movilidad económica que incluyen empleabilidad y emprendimiento. El emprendimiento no debe ser la única salida a un mercado laboral que funciona mal.
En lugar de romantizar la informalidad, y lo chiquito de subsistencia y de baja productividad, debemos integrarla al desarrollo productivo. Eso implica un Estado que reduzca trámites, simplifique la tributación, promueva la formación para el trabajo y generar confianza en la inversión privada.
La llamada “economía popular” no será el motor del desarrollo si sigue siendo sinónimo de baja productividad e informalidad.
El país necesita una estrategia que combine inclusión con eficiencia, y solidaridad con sostenibilidad.