Ayer, en un seminario de políticas públicas, escuchamos a Alejandro Salazar y Sebastián Salazar en una discusión sobre el Plan Nacional de Desarrollo (PND): ¿es útil? ¿Sigue siendo conveniente?
Creo que el PND no debe verse como un simple requisito formal ni como una camisa de fuerza. Su verdadero valor está en delimitar lo que hace el gobierno, con claridad sobre prioridades, reduciendo la discrecionalidad e improvisación en la acción pública.
👉 En Colombia, el PND —liderado por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y aprobado por el Congreso— ha sido la herramienta que traduce la visión de gobierno en objetivos, programas e inversiones concretas. Más que un trámite, es una hoja de ruta de Estado.
Cuando el Estado actúa con rumbo claro, el sector privado y la sociedad civil no necesitan adivinar ni esperar señales contradictorias. Pueden, en cambio, desarrollar su propia estrategia emergente: adaptarse al entorno, innovar, aprovechar oportunidades y aprovechar la acción pública.
💡 Un buen PND, bien diseñado y bien implementado, reduce la incertidumbre y habilita la innovación privada.
Por eso sigue siendo valioso hacerlo, y por eso debemos insistir en que sea un proceso serio, participativo y con visión de largo plazo.