Cuando hacer más leyes no resuelve los problemas del país
En Colombia solemos creer que cada problema se resuelve con una nueva ley. Desde la seguridad ciudadana hasta el empleo, desde la educación hasta la productividad, la primera reacción suele ser: “hace falta una norma”. Pero la evidencia nos muestra algo incómodo: muchas veces la ley no transforma la realidad… incluso puede empeorarla.
El ejemplo más claro está en el mercado laboral. Regulaciones rígidas, diseñadas con la intención de proteger al trabajador, han terminado dificultando la contratación formal. El resultado es evidente: más del 57 % de la fuerza laboral permanece en la informalidad, sin acceso a seguridad social ni estabilidad. A esto se suma un salario mínimo que equivale al 92 % del ingreso medio, uno de los más altos de la OCDE. En teoría, un piso de dignidad. En la práctica, un muro que excluye del empleo formal a jóvenes, mujeres y personas con menor productividad.
Algo similar ocurre en temas de calidad y certificaciones. Colombia ha avanzado en regulaciones para elevar estándares productivos, pero la proliferación de trámites, requisitos y sellos termina castigando a las micro y pequeñas empresas. Estas, que representan más del 90 % del tejido empresarial, muchas veces no logran acceder a mercados formales o internacionales porque no tienen las capacidades técnicas ni financieras ni gerenciales para cumplir los estándares. La ley, en lugar de ser un puente hacia la competitividad, se convierte en una barrera.
La economía y el estudio de políticas públicas nos da pistas sobre este fenómeno. Contrario a lo que se piensa, un exceso de reglas no conduce a más cumplimiento. La saturación normativa genera desconfianza, incentiva la evasión y refuerza la percepción de que la ley es un obstáculo, no una solución. Cuando las normas se acumulan sin reconocer la realidad social y económica, la gente busca caminos alternativos, a menudo informales, para sobrevivir.
Entonces, ¿qué hace que una ley sea buena?
👉 Una buena ley no es la más extensa ni la más dura.
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Es aquella que cambia comportamientos con incentivos bien diseñados.
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La que codifica acuerdos sociales y realidades económicas, consolidando lo que ya funciona.
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La que genera confianza institucional, condición básica para atraer inversión, fomentar el cumplimiento y fortalecer la competitividad.
En un país con tantas necesidades urgentes, legislar mejor no significa legislar más. Significa diseñar normas que reflejen la realidad, que prioricen la evidencia, que reconozcan la diversidad de actores y que construyan consensos sostenibles.
Las leyes deben ser un marco para abrir oportunidades, no para cerrarlas. Y esa diferencia es crucial: de ella depende si las normas se convierten en herramientas de desarrollo o en simples adornos de papel que poco o nada cambian la vida de la gente. Parte de la tarea del nuevo congreso debería ser eliminar leyes inconvenientes.
Preguntas frecuentes sobre leyes, política pública y competitividad en Colombia
¿Por qué crear más leyes no siempre soluciona los problemas del país?
En Colombia existe una sobrerregulación que muchas veces termina siendo contraproducente. Cuando las normas no parten de la realidad económica ni social, generan rigidez, desconfianza y baja capacidad de cumplimiento. Legislar más no garantiza mejores resultados; el reto es crear leyes útiles, simples y aplicables que transformen comportamientos reales.
¿Cómo afecta el exceso de regulación al empleo y la formalidad laboral?
Las leyes laborales, aunque buscan proteger al trabajador, pueden dificultar la contratación formal si son demasiado rígidas. Con un salario mínimo alto respecto al ingreso medio y altos costos laborales, muchas empresas optan por la informalidad. Esto limita el acceso de jóvenes y mujeres a empleos estables y debilita el sistema de seguridad social.
¿Qué impacto tiene la saturación normativa en la competitividad empresarial?
El exceso de trámites, certificaciones y requisitos técnicos castiga a las micro y pequeñas empresas, que representan más del 90 % del tejido productivo. En lugar de impulsar la calidad, la burocracia excesiva se convierte en una barrera para acceder a mercados formales o internacionales, frenando la productividad y la innovación.
¿Qué características tiene una buena ley según Daniel Gómez Gaviria?
Una buena ley es aquella que cambia comportamientos con incentivos bien diseñados, no con sanciones desmedidas. Debe reflejar acuerdos sociales, consolidar prácticas que ya funcionan y generar confianza institucional. Esa confianza es esencial para atraer inversión, fomentar el cumplimiento y fortalecer la competitividad del país.
¿Qué puede hacer el nuevo Congreso para mejorar la calidad de las leyes en Colombia?
El próximo Congreso debería priorizar la revisión y eliminación de leyes ineficientes, y enfocarse en diseñar normas basadas en evidencia y participación ciudadana. Legislar mejor implica entender los efectos económicos de cada decisión y construir consensos sostenibles que abran oportunidades en lugar de restringirlas.
