Eje Cafetero: una región que debe pensarse unida
El Eje Cafetero ha sido un foco central en la trayectoria de Daniel Gómez y en su apuesta al Senado de la República. A lo largo de los años, ha trabajado por la competitividad regional a través de las Comisiones Regionales de Competitividad del Eje Cafetero y del Consejo Privado de Competitividad (CPC) y mediante diálogos constantes con empresarios, gobiernos departamentales y municipales, academia y sociedad civil.
Gracias a ese trabajo articulado, se han reconocido avances importantes en infraestructura, productividad agrícola, turismo y generación de empleo. Sin embargo, en las conversaciones regionales persiste un tema estructural que suele quedar en segundo plano: la limitada integración estratégica entre Caldas, Risaralda y Quindío.
Aunque comparten una historia cafetera y una identidad común, aún existen rivalidades políticas y culturales, brechas en conectividad digital y logística, así como decisiones aisladas que impiden aprovechar economías de escala. Esta fragmentación debilita la capacidad del Eje Cafetero para posicionarse frente a otros centros productivos del país.
El Eje Cafetero no puede seguir pensándose de manera aislada por cada departamento. Es una región con ventajas complementarias que hoy se desaprovechan por falta de coordinación, planeación conjunta y visión de largo plazo.
Desde el Congreso existen herramientas concretas para corregir esta fragmentación. Las leyes colombianas que promueven la integración regional han fortalecido figuras como las Regiones Administrativas y de Planificación (RAP), en particular a partir de la Ley 1962 de 2019, que facilita su conversión en Regiones Entidad Territorial (RET) con mayor autonomía, y la Ley 2056 de 2020, que reorganiza el Sistema General de Regalías para impulsar equidad y desarrollo competitivo regional. Estas normas permiten avanzar hacia una planeación regional, siempre que exista liderazgo político que las active y las priorice.
Adicionalmente, en el Senado cursan iniciativas para reformar el Sistema General de Participaciones, con el objetivo de aumentar los ingresos de los territorios y profundizar la descentralización del Estado. Para regiones como el Eje Cafetero, este debate es clave, ya que puede traducirse en mayores capacidades financieras para ejecutar proyectos conjuntos y no fragmentados entre departamentos.
Especialización regional para competir mejor
Una visión moderna del Eje Cafetero no implica homogeneizar, sino especializar e integrar. Cada territorio tiene fortalezas que pueden potenciarse de manera complementaria, y competir como bloque frente a mercados nacionales e internacionales.
- Armenia: turismo, biodiversidad, y servicios.
- Manizales: industria, conocimiento, educación y base productiva.
- Pereira: comercio, logística, servicios empresariales y conexión regional.
Esta especialización requiere una RAP Eje Cafetero fortalecida, con capacidad técnica y política para estructurar proyectos regionales de regalías, y APPs, priorizando iniciativas que beneficien a más de un departamento y que generen impactos medibles en empleo, productividad y atracción de inversión.
Pensar el Eje Cafetero conectado con el país y el mundo
La región cuenta con una ventaja estratégica poco aprovechada: su infraestructura aeroportuaria. Estos aeropuertos deben verse como una red regional, no como proyectos individuales de los departamentos. Una visión integrada permitiría fortalecer el turismo, facilitar la carga agroindustrial y mejorar la conexión internacional del Eje Cafetero.
A esto se suma la necesidad de consolidar un corredor regional que conecte el Eje Cafetero con Antioquia, aprovechando la expansión de Manizales hacia la vía al 41 y su nuevo aeropuerto, y facilitando la conexión con Pereira y su zona franca. Este eje puede convertirse en un corredor industrial, comercial y turístico, articulado desde proyectos de infraestructura y logística estructurados a nivel regional y financiados con regalías y cofinanciación nacional.
Un Congreso que reconstruya confianza y región
Desde lo legislativo, la apuesta de Daniel Gómez es reconstruir puentes y fortalecer espacios de diálogo, acuerdos y cooperación público-privada. El Congreso debe volver a ser el epicentro de esos diálogos, especialmente cuando se trata de integrar regiones y construir proyectos de largo plazo.
En el último Informe Nacional de Competitividad 2025, en el que Daniel Gómez lideró el documento titulado “Distintos, no distantes”, se evidenció que la desconfianza entre actores, la fragmentación de agendas y la competencia entre visiones opuestas dificultan la construcción de acuerdos duraderos y la implementación de reformas profundas.
Mirar al Eje Cafetero como proyecto común
Desde el Senado, el compromiso es avanzar en el Pilar 3, de la campaña: Un país que confía. Sin confianza, no hay desarrollo posible. La desconfianza entre ciudadanos, empresas e instituciones frena la inversión, la innovación y la convivencia. Colombia necesita reglas claras, instituciones sólidas y un Congreso que proponga soluciones en lugar de profundizar divisiones.
El Eje Cafetero no necesita más fragmentación. Necesita liderazgo, incentivos y una visión compartida que lo proyecte como lo que ya es: una región con enorme potencial para competir unida, dentro y fuera de Colombia.
