Saltar al contenido
Politica Pública Senado

El valor del desacuerdo razonable en el debate público

Daniel Gómez Gaviria
Daniel Gómez Gaviria |



No todos los desacuerdos son un problema. En democracia, saber "desacordar" es una señal de madurez, no de división.

Vivimos en tiempos donde discrepar es equivalente a ser enemigos y donde el debate público se ha vuelto un concurso de descalificaciones. Pero una sociedad democrática no se construye eliminando las diferencias, sino aprendiendo a tramitarlas con respeto, evidencia y empatía.

Un desacuerdo razonable ocurre cuando dos personas o grupos que piensan distinto lo hacen de buena fe, con argumentos, con disposición a escuchar y con la conciencia de que nadie tiene el monopolio de la verdad.

Las grandes decisiones colectivas, en política, economía o sociedad, rara vez nacen de la unanimidad. Surgen del contraste de ideas, del intercambio honesto y del reconocimiento mutuo. El pluralismo no debilita la democracia. La fortalece.

Desacordar razonablemente exige tres cosas:

1️⃣ Escuchar de verdad, no solo esperar el turno para responder.
2️⃣ Reconocer los límites de la propia visión.
3️⃣ Aceptar que el otro puede tener razones válidas, aunque no las compartamos.

Los países que progresan no eliminan el conflicto, sino que aprenden a convivir con él de manera civilizada y constructiva. Ese es el corazón de una democracia liberal: el respeto por la diferencia, la fe en el diálogo y la confianza en las instituciones como espacio de encuentro.

Colombia necesita recuperar esa cultura del debate informado.
Más razones, menos gritos.
Más diálogo, menos etiquetas.
Más desacuerdos razonables y menos enemigos.

Porque solo cuando aprendemos a debatir sin destruir, la política vuelve a cumplir su verdadero propósito: resolver problemas y construir futuro. 🇨🇴

hashtagDesacuerdoRazonable hashtagDemocracia hashtagDiálogo hashtagInstituciones hashtagColombia hashtagPolíticaPública

Compartir esta publicación