El debate sobre la integración entre Tigo y Movistar ha estado marcado por una interpretación tradicional de la competencia basada en el viejo paradigma Estructura–Conducta–Desempeño (SCP): más jugadores es sinónimo de más competencia. Esta visión, aunque influyente, es insuficiente para entender mercados intensivos en redes, capex alto, economías de escala y fuertes externalidades tecnológicas, como las telecomunicaciones móviles. Un análisis más riguroso exige mirar no solo el número de operadores, sino su capacidad efectiva para competir, invertir y sostener la calidad del servicio en un entorno de rápida transformación tecnológica.
1. Un mercado con capacidades asimétricas no es un mercado competitivo
En los últimos años, Colombia llegó a un punto donde la estructura de tres o cuatro jugadores ya no garantizaba rivalidad intensa. Muy por el contrario, el mercado se movía hacia una competencia desequilibrada, con operadores fuertes y otros visiblemente rezagados por restricciones de escala, capacidad de inversión y presión financiera. Esto generaba un riesgo concreto: la salida del mercado de al menos un operador, lo cual sí habría reducido la competencia de manera drástica y repentina.
En este contexto, la integración Tigo–Movistar debe entenderse como una estrategia para evitar ese escenario y para fortalecer la rivalidad entre jugadores con músculo suficiente. Un mercado con dos operadores grandes y uno mediano puede ofrecer competencia mucho más dinámica que uno con un dominante consolidado y varios competidores al borde de la inviabilidad.
2. Eficiencias que sí importan: inversión, despliegue y calidad del servicio
La integración tiene el potencial de generar eficiencias significativas:
- Eficiencias en despliegue de infraestructura: En telecomunicaciones, evitar duplicaciones innecesarias en torres, fibra y espectro libera recursos para innovar y expandir cobertura.
- Aprovechamiento conjunto del espectro: La administración más eficiente del espectro reduce congestión y mejora la calidad del servicio.
- Mayor capacidad de inversión: Dos actores subescala fusionados pueden convertirse en un operador viable, capaz de seguir compitiendo y de sostener redes 5G.
Estas eficiencias son relevantes no solo desde la teoría económica, sino desde el interés público. Colombia necesita redes más robustas, precios competitivos y apuestas de inversión de largo plazo. Para lograrlo, se requieren operadores capaces, no simplemente numerosos.
3. Más allá del SCP: competencia basada en capacidades e incentivos
La economía industrial contemporánea enfatiza enfoques más modernos —desde modelos dinámicos hasta competencia por calidad y competencia por inversiones—. Bajo estas perspectivas, las autoridades de competencia deben preguntarse:
- ¿La integración aumenta o reduce la capacidad de cada jugador para desafiar al otro?
- ¿Eleva la probabilidad de inversiones sostenidas?
- ¿Permite mejorar servicios en calidad y cobertura?
- ¿Reduce el riesgo de salida del mercado de un competidor débil, que sería peor para la competencia?
Bajo estos criterios, la integración puede fortalecer la competencia dinámica y mejorar el bienestar del consumidor.
4. Evitar colusión sin impedir eficiencias
El temor habitual en integraciones horizontales es la colusión tácita. Sin embargo, existen herramientas regulatorias más inteligentes que bloquear eficiencias:
- Obligaciones de compartición no discriminatoria.
- Regulación asimétrica del operador con mayor poder de mercado.
- Supervisión estricta de precios mayoristas.
- Transparencia en costos y tarifas.
- Reglas ex ante de calidad y despliegue.
En mercados digitales y de redes, es más eficaz regular incentivos y comportamientos que bloquear reorganizaciones empresariales que pueden mejorar la competencia.
5. El punto central: proteger el proceso competitivo, no un número de jugadores
Lo que debe protegerse es la competencia, no la estructura previa. En una industria donde los costos hundidos y la escala importan, sostener operadores frágiles solo para mantener un número puede terminar debilitando la competencia y perjudicando a los consumidores.
La integración Tigo–Movistar, correctamente regulada, puede producir:
- Más inversión,
- Redes más fuertes,
- Servicios de mayor calidad,
- Precios más competitivos,
- Y un ecosistema donde la rivalidad real provenga de operadores con capacidad, no de sobrevivientes estructurales.
Una política de competencia moderna no debe temerle a las integraciones que fortalecen el proceso competitivo. Debe temerle, en cambio, a que el país quede atrapado en un modelo donde se preservan estructuras precarias a costa de la innovación, la inversión y el bienestar del usuario final.