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Daniel Gómez - Guaviare
Desarrollo regional Legalidad Infraestructura

Guaviare: desarrollo posible si el Estado llega bien y a tiempo

Daniel Gómez Gaviria
Daniel Gómez Gaviria

Guaviare suele aparecer en la conversación pública asociado a deforestación, economías ilegales y ausencia estatal. Pero esa mirada es incompleta. Guaviare también es biodiversidad, frontera productiva, riqueza cultural y una oportunidad real de desarrollo si el país hace las cosas bien. 

Durante la visita reciente al departamento con el Nuevo Liberalismo, fue evidente algo que los datos confirman y la gente repite: Guaviare no necesita más discursos, necesita Estado que funcione, reglas claras y alternativas económicas reales. La población quiere producir, trabajar y vivir en legalidad, pero enfrenta barreras enormes para hacerlo. 

El potencial del Guaviare está en varios frentes. Primero, su capital natural. Es una región estratégica para la conservación, la bioeconomía y el ecoturismo. Pero proteger no puede significar excluir. La conservación solo es sostenible si viene acompañada de ingresos legales, pagos por resultados ambientales, y proyectos productivos compatibles con el bosque. Sin eso, la presión sobre la selva continuará. 

Segundo, el desarrollo rural. Guaviare tiene condiciones para sistemas agroforestales, ganadería sostenible, cacao, caucho, productos amazónicos y encadenamientos con mercados nacionales. Hoy, muchos productores no despegan por falta de asistencia técnica, vías terciarias en mal estado, inseguridad jurídica sobre la tierra y acceso limitado a financiamiento. Aquí el Estado debe coordinar mejor: menos trámites, más acompañamiento productivo. 

Tercero, la infraestructura y conectividad. No se trata de megaproyectos sin sentido, sino de vías terciarias funcionales, conectividad digital y logística básica que permitan sacar productos, atraer turismo y reducir costos. La falta de infraestructura no solo frena la economía; también aísla a las comunidades y debilita la presencia institucional. 

Cuarto, la seguridad y la legalidad. No habrá desarrollo sin control territorial efectivo. Pero la seguridad no puede ser solo militar. Debe ir de la mano de justicia, formalización de la tierra, oferta social y oportunidades económicas. Cuando el Estado llega solo con fuerza y no con soluciones, el vacío se vuelve a llenar. 

Quinto, el capital humano. Guaviare necesita más y mejor educación pertinente: formación técnica y tecnológica, habilidades para el trabajo rural, ambiental y turístico, y oportunidades para los jóvenes. Sin opciones, los jóvenes migran o terminan atrapados en economías ilegales. Invertir en educación y formación para el trabajo es una política de seguridad y desarrollo al mismo tiempo. 

La visita con el Nuevo Liberalismo evidenció que el desarrollo del Guaviare no se impone desde Bogotá. Se construye con el territorio, escuchando a campesinos, comunidades indígenas, emprendedores y autoridades locales. El Estado debe dejar de ser un obstáculo y convertirse en un aliado. 

Guaviare puede ser un ejemplo de cómo producir conservando, de cómo cerrar brechas territoriales y de cómo transformar regiones históricamente olvidadas. Pero eso exige coherencia, políticas bien diseñadas y ejecución seria. 

El potencial está ahí. La pregunta no es si Guaviare puede desarrollarse, sino si el gobierno y el congreso hará lo necesario para permitirlo.

Este 8 de marzo vota #25 al Senado por la lista del Nuevo Liberalismo.

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