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Daniel Gomez - Retos y reformas del sistema de salud en 2026: corregir sin destruir
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Retos y reformas del sistema de salud en 2026: corregir sin destruir

Daniel Gómez Gaviria
Daniel Gómez Gaviria

El debate sobre salud suele caer en extremos. O se presenta como un modelo agotado que debe demolerse o como un sistema que solo necesita ajustes menores. Ninguna de las dos posturas es rigurosa. El problema no es puntual. Es sistémico.

Hoy enfrentamos una crisis estructural en tres frentes simultáneos: acceso deteriorado, déficit financiero acumulado y pérdida de funciones de aseguramiento. No es solo mala gestión. Es una desalineación profunda entre recursos, reglas e incentivos.

1. Crisis de acceso

Las cifras hablan solas. Más del 45% de los afiliados están en EPS intervenidas o en liquidación. Los tiempos de espera promedian 131 días para medicamentos y 92 días para consulta con especialista. El gasto de bolsillo aumenta. El déficit de medicamentos es mayor que durante la pandemia.

No es percepción. Es una falla sistémica. Cuando el paciente no accede oportunamente, el sistema deja de cumplir su función básica.

2. Déficit financiero estructural

El sistema opera con una siniestralidad cercana al 110%. Es decir, gasta más de lo que recibe. El déficit acumulado ronda los 7 billones de pesos en 2025. Además, Colombia invierte cerca de 2 puntos del PIB menos que el promedio de la OCDE en salud.

Pero no es solo insuficiencia de recursos. Estudios estiman ineficiencias cercanas al 21% del gasto total. Tenemos dos problemas simultáneos: falta de ingresos y mala asignación. Ignorar cualquiera de los dos es irresponsable.

3. Colapso del aseguramiento

Se han debilitado tres funciones esenciales: mancomunación de recursos, mancomunación de riesgos y gestión técnica del riesgo. Sin aseguramiento no hay protección financiera ni coordinación del cuidado. Sin gestión del riesgo, el sistema se vuelve reactivo, costoso e ineficiente.

A esto se suma una crisis de confianza. Desconfianza entre EPS, IPS, Gobierno y pacientes. Baja trazabilidad de recursos. Sistemas de información fragmentados. Politización de decisiones técnicas. Sin confianza, el sistema opera en modo defensivo.

¿Qué reformas son estratégicas?

La salida no es ideológica. Es técnica y pragmática.

Primero, claridad en el Plan de Beneficios. Se requiere un PBS explícito, evaluación rigurosa de tecnologías y discusión honesta sobre límites presupuestales. El derecho a la salud es fundamental. Los recursos son finitos. Negar esa tensión solo profundiza el desorden.

Segundo, ajuste estructural de la UPC. El cálculo debe ser actuarial, con actualización semestral, giro oportuno y mecanismos de riesgo compartido. En los primeros 100 días de 2026 se necesita una UPC de estabilización que inyecte liquidez y evite más cierres.

Tercero, nuevas fuentes de financiación. Mayor progresividad en cotizaciones, eliminación de topes altos, ajuste moderado de bases de cotización, impuestos saludables y un fondo de estabilización con visión de Estado. Sin ingresos adicionales, cualquier modelo fracasa.

Cuarto, gestión agresiva de ineficiencias. Pago por desempeño, compra estratégica de tecnologías, protocolos clínicos estandarizados, evaluación de valor terapéutico y reducción de hospitalizaciones evitables. Reducir 20% de ineficiencias tendría impacto directo en sostenibilidad.

Quinto, sistema de información en tiempo real. Trazabilidad completa de recursos, seguimiento de cascadas de acceso, datos actuariales actualizados y transparencia pública. Sin datos confiables no hay política pública seria.

Sexto, nuevo esquema de vigilancia independiente. Entidad técnica no politizada, mayor capacidad sancionatoria y separación clara entre regulación y operación. La gobernanza importa tanto como el dinero.

Séptimo, política robusta de talento humano. Incentivos para formación de especialistas, mejores condiciones laborales, expansión de capacidad académica y enfoque diferencial para regiones. No hay sistema fuerte sin capital humano fuerte.

Tres ideas fuerza

Primero, el sistema no necesita demolición. Necesita corrección técnica.

Segundo, no existe reforma viable sin aumento de ingresos y reducción de ineficiencias. Quien prometa lo contrario está eludiendo la realidad fiscal.

Tercero, la salud debe convertirse en política de Estado, no en bandera ideológica.

Advertencia para 2026

Si no actuamos con rigor técnico y decisión política, veremos más cierres de servicios, mayor judicialización, más gasto de bolsillo y costos futuros más altos por diagnósticos tardíos. La fragmentación entre público y privado se profundizará.

El costo de no reformar será mayor que el costo político de reformar. En salud, la inacción no es neutral. Es regresiva y socialmente injusta.

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